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Escribir pelotudeces en tu muro de Facebook no va a cambiar el mundo

Salí a la calle.
Incendia comisarías.
Pone bombas.
Golpea una cacerola.
Tirate a un pozo.

No es un llamado a la violencia lo que estoy haciendo. Es un cachetazo al sentido común de la gente que cree estar indignadísima y lo pone en su facebook.
Es una queja contra la hipocresía de los que dentro de dos meses no se van a acordar de Candela como hoy no se acuerdan de Cabezas o del pibe Blumberg. O de los 193 de Cromagnon. Eso me indigna. Eso me causa repulsión y asco.
Me enferma la gente que llora cuando ve un documental de los pibes cagados de hambre en África o en el Chaco y no le da una papa frita a un pibe que pide en la puerta de McDonalds donde acaba de pagar $30 una hamburguesa.

Me sacan las viejas que van a misa y creen ser buenas mientras le chupan la pija al cura, pero salen a la calle y esquivan a un pibe que pide plata “por las dudas”.
Me molesta sobremanera la hipocresía de los que (en Twitter y en Facebook) llenaban su muro de boludeces cuando murio Romina Yan. Capaz que se les muere el vecino de arriba y no son capaces de ir a saludar a la viuda. Pero si haces un chiste sos un desubicado y “ojala nunca te pase”. Que nunca me pase que? Que se muera alguien que no conozco? Solo porque es joven?
Cuantos pibes se mueren en el día a día de hambre, de una neumonía por vivir en la calle o porque los cago a palo la cana?

Cuantas personas conoces que alguna vez no tuvieron nada que comer? Y que carajo hiciste?
Me indigna la gente que se llena la boca hablando del “amor al projimo” y de la gente que no tiene que comer y no va con una olla llena de fideos a repartirlos en una plaza.

Pongamos el caso de Candela que es el que esta de moda hoy. Esta el que acusa al gobierno de inacción.

La inseguridad y demás no es un tema nuevo. La corrupción en la cana tampoco.
Si se demuestra lo que se dice por ahí (que fue un “ajuste de cuentas”, que entiende de cuentas una nena de 11 años me pregunto yo…) a quien le van a echar la culpa? Al padre? A la policía corrupta? A la Kirchner que no salio ella misma a revolver los basureros? A Scioli que no puede levantar una piedra?
Si esto hubiera sido en Capital, le echarían la culpa a Macri y a la metropolitana? O a Cristina y a la federal?

Coincido plenamente en que a los canas tendría que apretarlos “alguien” y a ese “alguien” el gobierno. Pero que carajo?

Es cierto, en 8 años se puede hacer mucho. Y en 12 (como probablemente ocurra) se puede hacer muchísimo mas de lo que hicieron todos estos hijos de puta en 30. Pero no nos vayamos a la mierda tampoco.

Es mi opinion, cada uno tendra la suya. Y ojo, no es que este apoyando al gobierno, pero a un cana que mata un pibe lo desafectan. A un pibe que mata un cana lo hacen mierda. El sistema completo esta mal. No es el que se sienta en el sillon hoy. El cambio tiene que ser mucho mas profundo que eso.

Lo que esta podrido es la sociedad. Y no es de acá. No es NUESTRO gobierno. Pone en Google “Tenemos el gobierno que nos merecemos” y vas a ver que todo el mundo, en todos los putos países piensa lo mismo que pensas vos.
Los secuestros existen en Italia, en EEUU, en Rusia y en el Caribe.
Lo que pasa es que a los medios les chupa un huevo. Al gobierno le chupa un huevo. Y a vos. Si, a vos… también te chupa un huevo mientras no te toque.

Otra vez:
Quien se acuerda de Cabezas? Quien se acuerda del pibe Blumberg? Quien se acuerda de los 193 de Cromagnon?

Sabes la respuesta? NADIE. Nadie mas que el pibe que se junta en la esquina con los amigos y se acuerda de Juan que palmo en Once. O la mamá cada vez que pasa por la escuela donde lo llevaba.

Vos no te acordas. Yo no me acuerdo.
En dos meses nadie se va a acordar de Candela mas que la madre que hoy tiene un hueco en el pecho y ganas de volarse la cabeza.

Eso es lo que me revienta. Tu hipocresía.

Y la mía.

Anonimato digital vs identidades reales

Una de las cosas que hizo en su origen al Internet un espacio tan atractivo y liberador fue que dentro de la Red las personas podían ser otras. Con un poco de inventiva alguien podía escapar de su pasado psicológico, de sus traumas y estigmas, y reconstruir su identidad como un otro, en un juego psicomágico en una casa de bits y espejos. Usuarios de foros y redes sociales incipientes podían así proyectar una personalidad al mundo y a través de ella transformar su propia personalidad —de esta forma personas socialmente marginadas (como los geeks) encontraron una especie de redención, y bajo la máscara de su nueva identidad, pudieron por fin ser ellos mismos y mostrar su verdadero ser: inteligente, sensible, etcétera.  El poder del nombre es que confiere realidad, y un seudónimo crea una nueva realidad. Nombrar también es conocer y controlar; saber el nombre de alguien es un acto de poder.

Esta libertad que impulsa el origen del Internet y lo dota de un espíritu altamente estimulante —un patio de re-creación donde podemos convivir y compartir a distancia tomando diferentes papeles en la gran obra de la conciencia colectiva— está seriamente amenazada por las dos grandes compañías que extienden sus tentáculos por todas la Red, con el deseo de convertirse en la Red. Tanto Google como Facebook abogan seriamente por la abolición del anonimato y el uso de seudónimos en el Internet. El lanzamiento de Google+ hizo patente este deseo de Google al cerrar cuentas que utilizaban seudónimos, bajo una política de “realismo”. Esta es la misma política que Facebook busca implementar en su sitio, con casos también en los que cuentas han sido cerradas por “no ser reales”: los avatares y las transpersonalizaciones atentan contra la visión de Facebook, un mundo que busca reemplazar la ficción de lo posible con su inexorable realidad virtual unívoca.

“Las personas se comportan mejor cuando tienen sus verdaderos nombre ahí […]. Creo que las personas se ocultan detrás del anonimato porque consideran que pueden decir lo que quieran detrás de puertas cerradas”, esto es lo que piensa Randi Zuckerberg, directora de marketing de la empresa fundada por su hermano Mark.

El ex CEO de Google, Eric Schmidt, se refirió hace poco al anonimato digital como “peligroso” y dijo que eventualmente los gobiernos “obligarán” a las personas a que usen sus nombres reales para toda su actividad en línea.

El argumento principal que estas empresas y seguramente los gobiernos plantearán para ejercer la regla de nombre real en línea es que es un motivo de seguridad  y que una persona que no tiene nada que ocultar, como un crimen, debe de aceptar navegar siendo ella misma para hacerse responsable de sus actos —acabando así con la pornografía infantil o el terrorismo.

Pero aceptar este argumento es como aceptar un toque de queda, vivir bajo un estado policial —o como aceptar que las drogas deben de estar prohibidas solamente porque muchas personas hacen mal uso de su libertad. Aceptar navegar con una sola identidad, con tu único nombre real, es un poco aceptar que  ya no serás alguien más, que ya no podrás cambiar y que la realidad será fija y definida —y no una construcción múltiple como es: realidades.

Asimismo se puede contraargumentar que en algunos casos usar un seudonónimo es una cuestión de seguridad. Activistas políticos en regímenes opresivos o minorías en sociedades discriminatorias podrían llegar a comprometer su vida si navegan con su nombre real.

«Los seudónimos persistentes no son formas de esconder quien eres. Proveen una forma de ser quien eres. Por fin puedes hablar sobre lo que realmente crees; tu políticas verdadera, tus problemas reales, tu verdadera sexualidad, tu verdadera familia, tu verdadero ser. Muchos del apoyo que reciben los “nombres verdaderos” viene de personas que no quieren escuchar controversia, pero la controversia sólo es una pequeña parte de la necesidad de seudónimos. Para muchos de nosotros, es el simple deseo de hablar abiertamente de las cosas que nos importan a las personas que usamos el Internet. El deseo de ser juzgado –no por nuestro nacimiento, no por nuestro sexo,  y no por aquellos para los que trabajamos– sino por lo que decimos» (Marrow Bones).

Pero más allá del argumento de la identidad real como una medida de protección y civilidad digital, se oculta un enorme interés económico en que navegues como tú. Por una lado navegar con una identidad real por toda la web genera una gran cantidad de información útil para las compañías de marketing,  a las cuales Google y Facebook pueden vender esta información, además de perfeccionarse los anuncios personalizados.  Y si bien de cualquier forma cada movimiento que haces en la Red está siendo registrado, una persona que navega con múltiples identidades no genera la misma cantidad coherente de información útil para las marcas.

Por otro lado, según TechCrunch, el motivo por el cual Facebook se erige como un consistente lobbypara forzar a sus usuarios a navegar con su nombre y busca llevar esto más allá de su sitio, es que existe un mercado en ciernes que podría ser coptado por esta red social. Facebook podría proveer un mecanismo para autentificar una identidad como real y de esta forma permitir transacciones en línea que ahorrarían grandes cantidades de tiempo. Podría ser el fin de llenar formatos con nombre, dirección, email, número de tarjeta de crédito. Con  solo visitar la página de una aerolínea conectado a Facebook bastaría un solo click para realizar una transacción.

El otro interés oculto que puede existir en la obligación de navegar bajo una identidad real está evidentemente en los gobiernos.  Internet tiene de origen una dualidad intrínseca entre la libertad (la expansión de la conciencia a través de la información a la cual pueden acceder los usuarios) y el control totalitario a través de la información sobre los usuarios —a la cual pueden acceder los gobiernos y las corporaciones. Este es el doble laboratorio de la Red, las dos alas de diferentes colores de un mismo pájaro. Una identidad única en la Red es casi como tener un chip localizador en cada persona. Es como obligar a todo el mundo a confesar sus secretos y decir la verdad al gobierno y a las corporaciones que se entremezclan con su estructura. ¿Pero por qué habríamos de decirle nuestros secretos al gobierno si este no nos loa dice a nosotros? ¿Por qué habríamos de confiar en alguien que no confía en nosotros? La ficción es en este marco necesaria para la libertad.

Con una notable preclaridad Orson Welles en 1955 ya había anticipado la llegada del estado policial y la burocratización de las interacciones con la implementación mandatoria de los pasaportes y las cédulas de identificación personal.

Una prueba del poder del anonimato y del seudónimo es lo que sucede con el sitio 4Chan, una de las manifestaciones más vibrantes del Internet lúdico —y genialmente caótico. Aelous Kephas escribe sobre este sitio diametralmente opuesto a Facebook:

«Y luego, por supuesto, está Facebook, que domina la comunidad en línea y que tiene mucho a lo cual responder.  Facebook tiene reglas de identidad y hay un límite sobre cuántas cuentas de Facebook puedes tener, así como advertencias sobre usar nombres falsos. La participación requiere e inspira el reforzamiento de la identidad, como es común a la mayoría de los grupos. Del otro lado del espectro, tan oscuro como Facebook promiscuo, está 4chan, donde la identidad se borra (el grupo hacktivista Anonymous probablemente se gestó en 4chan). 4chan es lo opuesto de Facebook, una red social anti-social que se mofa de  quien sea que haga demasiado esfuerzo por establecer una identidad llamándolo “name fag”. Si Facebook es para personas que quieren ser parte de la comunidad mientras permanecen en  la seguridad y comodidad de su hogar (y sus túneles de identidad), 4chan es el id de Internet: una colmena zumbante de actividad y una fosa de cuerpos revolcándose. Los channers se auto-identifican con el “Stand Alone Complex” o “una manada de gatos”, significando que ellos no forman una mente grupal sino que son solo una colección de unidades que espontáneamente van en la misma dirección. Aunque compuesto de individuos que en general rechazan los valores sociales establecidos —empezando por la identidad—y que aparentemente aborrecen el pensamiento grupal, paradójicamente es un espacio que frecuentemente gesta activismo en el mundo real, claro que usualmente en el nombre del lulz».

Hay algo liberador en no tener un nombre: que puedes ser todos y tu potencial, en ese sentido, es ilimitado. Esta es la fuerza del movimiento de hackers Anonymous (más allá de que haya sido cooptado o no por las agencias de inteligencia).  Si el nombre puede ser un acto creativo o puede ser un castigo, la capacidad de renombrar (y desnombrar) es parte fundamental del ejercicio de la libertad. Hay otro argumento igualmente poderoso: el de la magia y el de la poesía. La famosa intuición de alterconciencia poética de Rimbaud, «Je est un autre», no podría ejercerse en un mundo digital —ese nuevo espacio para ser y poetizar— si sólo tenemos nuestro nombre “real” —porque el nombre confiere ser. Un escritor como Fernando Pessoa, con sus heterónimos, no habría escrito lo que escribió en un mundo en el que no se puede ser otros.  Y es que es a través de los otros que nos conocemos a nosotros mismos; solo a través de decirnos otros podremos algún día encontrar nuestro verdadero nombre “real”, aquel que va más de allá del acta de registro, que es cifra de nuestro espíritu.

 

Copiado TEXTUALMENTE de Pijama Surf.